“La verdad no está en un sueño sino en la suma de todos los sueños”

-Las mil y una noches- según traducción de Sir Richard Burton, Noche 757.

La serie Lágrimas del deshielo toma como concepto la fantasía onírica.
El sueño en el mundo griego era un Dios alegórico hijo de la noche y hermano de la muerte.
Según Homero, quien se refiere a “los sueños”, éstos habitaban las riberas tenebrosas del océano occidental y anunciaban la verdad.
En los orientes Lejano, Medio y Cercano el sueño es un elemento fundamental de la profecía.
Oriente y Occidente coinciden en el carácter revelador que el sueño posee y la veracidad del mismo.
Todo artista, debiera transmitir la verdad. Espeche encara un proyecto audaz al utilizar su fantasía onírica y convertirla en metáfora para revelar uno de los signos de nuestro tiempo. Su objetivo se cumple y la conversión de sus sueños cierra en esta serie que presentamos.
Como un poeta trágico comienza y concluye con el mismo concepto-imagen y como un héroe clásico vence su destino al consagrar esta producción a una temática difícil y comprometida.
Un Dios alegórico lo inspira. Así se convierte, utilizando una metáfora platónica, en “intermediario” de los dioses y articula un lenguaje que lo trasciende.
Su arte pasa a ocuparse del “caos” (noche-muerte) valiéndose de una paleta personalísima y opresiva, donde el negro (negación del color) es protagonista, y logra definitivamente alcanzar el “cosmos” (día-vida).
Imágenes de una terrible y particular belleza, como un profeta, las vuelve apocalípticas “Thanatos”, “Nado que Sueño”, o la desgarradora “Lágrimas del deshielo”, son un claro ejemplo. Pero la serie conserva una luz esperanzadora, “La vida”.
Se vuelve a abismar, vive el abismo, lo mira, lo incorpora, lo describe pero no se queda ni nos deja en él, tal y como lo hiciere en su memorable serie “Pesaj” donde se acercó a los momentos más dolorosos de la pasión de Cristo.
El “ojo satelital” de Santiago Espeche le permitió ver y narrar una gélida experiencia, una perturbadora aproximación a la verdad objetiva de su tiempo desde la subjetividad de la verdad de sus sueños, pero no la que está en un sueño “ sino en la suma de todos sus sueños”.

Prof. Dr. Eduardo Tenconi Colonna, Recoleta 2008, Buenos Aires Argentina