Domingo 20 de Marzo de 2005

Nota Tema libre / Antonio M. Battro

Mapas de la tierra y del cerebro

La vida en la Tierra, fotografiada desde el espacio, presenta sugestivas analogías con la actividad cerebral. Ambos registros invitan a un punto de vista más amplio y descentralizado

Yang Huanming, el eminente director del Centro de Estudios Genéticos de China, escribió: "Cuanto más me aproximo a mis temas de estudio, más los amo, y tanto más me conmueve la belleza de la vida". Es esta vida la que ha cambiado la faz del planeta Tierra. Este planeta vital que nos cobija, cuya foto desde el espacio todos hemos admirado, puede ser representado por diferentes imágenes satelitales que revelan sutilezas inimaginables.

Algo semejante ha sucedido, casi simultáneamente, con las primeras imágenes funcionales del cerebro humano. Por primera vez hemos podido detectar la activación de áreas específicas de neuronas durante los procesos de lectura, del habla, de la memoria, del razonamiento, de la percepción y de la imaginación. En la jerga de las neurociencias, decimos que las zonas activadas de la corteza cerebral se "iluminan", tanto como sucede en las imágenes satelitales que nos revelan la actividad humana sobre la corteza de la tierra. Es interesante señalar que en ambos casos usamos el mismo término: "corteza". La corteza cerebral es una muy delgada capa de sustancia gris compuesta de miles de millones de neuronas y de glía, para diferenciarla de la sustancia blanca, integrada por una enorme cantidad de fibras nerviosas que establecen conexiones entre las diferentes partes del sistema nervioso. En el hombre, esta corteza se ha expandido considerablemente (neocórtex); debido a este crecimiento espectacular y a las dimensiones restringidas del cráneo, el neocórtex ha debido plegarse en forma muy irregular y sus 2/3 partes se encuentran escondidas en el fondo de los surcos cerebrales. Hoy, gracias a procedimientos poderosos de computación, es posible construir imágenes de una corteza "inflada" en una superficie sin pliegues, donde se puede observar la activación de aquellas partes ocultas con mayor facilidad. Es algo comparable a los mapas de la Tierra, donde las diferentes alturas de las montañas y valles se representan con colores más o menos saturados en el plano.

En realidad, todas las representaciones gráficas de superficies muy irregulares, com o las de la Tierra y las del cerebro humano, son aproximadas, pero existe una teoría matemática rigurosa que estudia las propiedades de estos objetos irregulares y complejos, llamados objetos "fractales". La corteza de la Tierra y la del cerebro pueden entenderse como fractales. Basta ver las imágenes de un planeta fractal visto desde una luna fractal, simuladas en computadora por Benoît Mandelbrot y su equipo. Son notables obras de arte gráfico, tal como la obra reciente de Santiago Espeche , basada en imágenes satelitales tratadas con colores artificiales.

Incidentalmente, las zonas, fronteras y caminos son elementos básicos de la percepción de un paisaje tal como lo demostró el gran urbanista Kevin Lynch en su libro clásico La imagen de la ciudad (1960). Con el arquitecto Eduardo J. Ellis hemos podido mostrar cómo se genera esa imagen, ese "mapa mental" de un paisaje urbano o rural, durante el desarrollo cognitivo desde la niñez hasta la adolescencia.

Cuando comparamos las imágenes satelitales reales de la superficie de la Tierra con imágenes cerebrales advertimos que el neocórtex se activa por zonas que varían según las tareas que realiza. Estas zonas activadas muestran una mayor irrigación sanguínea y se colorean artificialmente siguiendo una gama que va desde la inhibición de la actividad neuronal hasta la excitación. En todo caso, la analogía de los mapas terráqueos y los cerebrales es una metáfora que puede inspirar no sólo al artista, sino también al investigador. Es sabido que las metáforas se pueden convertir en algunos casos en modelos matemáticos, como en los fractales. Sin metáforas no habría lenguaje humano digno de ese nombre, y sin modelos no hay ciencia rigurosa, que nos permita verificar y predecir. Las nuevas cartografías de la Tierra y del cerebro nos ayudan a reflexionar sobre el proceso de globalización en la educación de las generaciones futuras.

El cerebro humano es capaz de reconocer figuras de todo tipo, comenzando por las más familiares y próximas en el recién nacido. Algunas de estas imágenes precoces "impregnan" la corteza visual de tal manera que permanecen para siempre en la memoria. Todos los que hemos sido educados en la Argentina reconocemos un mapa de nuestro país, o de América del Sur, donde el Norte está "arriba" y el Sur "abajo". Se necesitó el talento de un artista como Nicolás García Uriburu para invertir este orden convencional y pintar nuestro continente "al revés", lo que perturba nuestra conciencia geográfica (con todas sus connotaciones políticas) de lo "superior" y lo "inferior". En un mundo en vías de globalización será muy importante atender a las más variadas representaciones del globo terráqueo y no privilegiar sólo aquellas tradicionales. La globalización implica una "descentración", donde los más variados "puntos de vista" son complementarios, como decía Jean Piaget. En último término, las cartografías comparadas de la Tierra y del cerebro humano representan un gran desafío para una educación globalizada acorde con los más altos valores de solidaridad, igualdad y justicia. Todos habitamos el mismo planeta que nos da la vida y contamos con un cerebro que es la joya del universo. Todo nos convoca para crear una sociedad más humana.

El autor, educador, es especialista en nuevas tecnologías aplicadas al desarrollo de las capacidades cognitivas

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